Publicidad, la madre de la obesidad infantil

38663_1En cinco años la obesidad en los niños y adolescentes, entre 5 y 17 años, aumentó un 25%. Gran parte de la responsabilidad está en el aumento del consumo de comida chatarra. Un tema difícil de controlar.

Que crecerán sanos y fuertes, que tendrán superpoderes o que está lleno de vitaminas, que te cambia la vida o que te hace más feliz. Estos son algunos de los mensajes que calan cada día en la mente de los niños y jóvenes del país. Llegan a través de la publicidad: en comerciales, avisos, cuñas de radio o videos de internet.

Pareciera que no hay mayor problema, pues la publicidad se volvió parte de nuestras vidas. Se volvió costumbre comer chocolates, papas, dulces, jugos, ponqués o helados. Y es aún más común ver un comercial que incita a consumirlos.

Sin embargo, las cifras son claras. Según la Encuesta Nacional de la Situación Nutricional en Colombia, la obesidad en los niños y jóvenes del país aumentó en un 25,9 por ciento entre 2005 y 2010; lo que quiere decir que uno de cada seis presenta sobrepeso. ¿La responsable? Una alimentación que está llena de productos comestibles ultraprocesados.

“Estamos en contra de que esos productos se dirijan a niños y que la publicidad propicie estos problemas de salud pública. Además, no apoyamos esa actitud estatal de creer que no tiene responsabilidad frente a este problema”, dice Juan Carlos Morales, director de Fian Colombia, una organización adscrita a Naciones Unidas que defiende el derecho a la alimentación.

Y es que, aunque en Colombia las empresas tienen una cierta libertad de expresión publicitaria, también es cierto que según la Constitución Política se deben respetar los derechos de los niños a “la integridad física, la salud y la alimentación equilibrada”.

El gran problema es que, después de que un niño prueba un ultraprocesado por primera vez, la probabilidad de que se vuelva adicto a este es muy alta. Así lo refleja el aumento del consumo anual de estos productos por persona, que pasó de 73,7 kilogramos en 2000 a 92,2 kilogramos en 2013, según la Organización Mundial de la Salud.

Una dañina adicción

Los ultraprocesados se convirtieron en parte de la cotidianidad y, por eso, es difícil percatarse de los daños que pueden causar. Lo primero que dejan claro los expertos, como Hernando Salcedo, médico cirujano de la Universidad Nacional y coordinador de la Línea de Nutrición de Fian, es que la obesidad es solo un signo, la muestra de que algo preocupante ocurre dentro del cuerpo.

Estos alimentos suelen contener grasas saturadas que no se metabolizan y, como no tienen una puerta para salir del cuerpo, deben ser procesados como toxinas.

Con el pasar del tiempo, el consumo diario de ultraprocesados se puede ver reflejado -explica Salcedo- en enfermedades como diabetes, patologías cardiovasculares y hasta cáncer.

“Un niño que se come de uno a tres ultraprocesados al día aumenta sus factores de riesgo de enfermedades crónicas, desde ese momento y hasta su vida adulta, en una proporción de cinco o seis veces”, explica Salcedo.

De acuerdo con el médico, en una bebida energizante pueden existir de ocho a diez moléculas que cambian el metabolismo, y en un sustituto de la leche materna pueden existir hasta 50.

Y añade: “Cuando yo estudié medicina la diabetes era una enfermedad de adultos que se diagnosticaba a los 40 años, luego pasó el tiempo y uno sabía que los jóvenes –entre 18 y 30- también podían sufrirla, y ahora hay niños con diabetes tipo dos desde los 4 y 5 años”.

Sin control

La pregunta que surge es: ¿Quién controla la publicidad dirigida a los niños? “El gobierno no funciona en beneficio de la ciudadanía. Hay una captura corporativa del Estado, donde los tomadores de decisiones han tenido o tienen conflictos de intereses con el sector privado y van tomando decisiones en favor de ellos”, anota Juan Carlos Morales, director de Fian.

Según él, nadie controla. El Invima debería tener una sala especializada que vigile la publicidad de estos productos, sin embargo, no existe. Semana Sostenible se comunicó con esa entidad para conocer su opinión del tema, pero no encontró respuesta.

Aun así, Morales espera que se empiece a generar conciencia, tal como ha pasado con el consumo de tabaco. Ese tema es una muestra de que, si el gobierno toma medidas, se puede mejorar la situación. De acuerdo con el Ministerio de Salud, de 2008 a 2016 la prevalencia de fumadores en Colombia bajó del 17 por ciento al 12,9 por ciento.

Pero en el caso de los ultraprocesados el Invima no es el único que debería intervenir. En el debate ha salido a relucir que otras instituciones del Estado también deberían tomar cartas en el asunto, como los Ministerios de Educación y Salud y el Instituto de Bienestar Familiar –pues los niños están reconocidos como sujetos de especial protección de derechos humanos–.

Justamente ya hay un proyecto de ley en curso que busca regular esta publicidad. “Queremos proponer una regulación más fuerte, como la del etiquetado frontal. Garantizar que la información sobre qué se está consumiendo en un ultraprocesado sea más clara”, explica el representante a la Cámara Víctor Correa.

Para él, actualmente no hay una política de Estado que pretenda solucionar esta situación que parece salirse de las manos. Aunque ha surgido una preocupación por la obesidad en los niños, esto se está convirtiendo en un problema de salud pública, ya que se estima que uno de cada dos colombianos presenta exceso de peso –según Fian–.

Desde el origen

Está claro que el gobierno debe empezar a tomar medidas, sin embargo, el papel de las familias también juega un rol fundamental. Para el experto en nutrición Hernando Salcedo, es un problema que actualmente “a los niños se les premie con azúcar, trigo y grasas saturadas” y se les castigue con comerse las verduras.

Todavía, las futuras generaciones están a tiempo de cambiar la situación. De acuerdo con el investigador, está comprobado que si un niño no tiene un contacto precoz con los ultraprocesados, nunca los va a preferir.

“Se deben tomar decisiones ya, pues estamos instaurando las bases para acercarnos al perfil adulto, en 10 o 15 años, de países como Estados Unidos”, puntualizó Salcedo.

UN EJEMPLO CERCANO

Ekaterine Karageorgiadis, coordinadora del programa Crianza y Consumo del Instituto Brasileño Alana, le dijo a Semana Sostenible que por fin su país está avanzando en la regulación de la publicidad dirigida a niños. No solo han tenido que hacer valer la Constitución, sino que han surgido nuevas normas, pues en ese país se está llegando a problemas mayores: el 30 por ciento de la población infantil y juvenil presenta sobrepeso.

Ahora el avance es tal, que en marzo de 2016 y a inicios de 2017, el Tribunal de Justicia de Brasil tomó decisiones contra dos empresas de alimentos que asociaban sus productos comestibles a juguetes.

“Los jueces consideraron que era una publicidad abusiva y fallaron a favor de los demandantes. Son decisiones muy importantes. (…) Se dice que las empresas tienen una libertad de expresión comercial, pero no creemos en eso. Creemos sí que tienen una libertad de comercio, pero esta libertad no es absoluta y debe respetar los derechos de los niños”, expone

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